1 / 7
Contenidos vistos este mes
Disfrute de contenido ilimitado sin costo
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese
Ya completó los artículos del mes.
Sabemos que le gusta estar informado Disfrute de acceso ilimitado al contenido, boletines noticiosos y más beneficios sin costo.
¿Ya tiene una cuenta? Ingrese Volver a la portada
Juan Manuel Ramirez M.
columnista

Tareas papales

Colombia cambió de tema durante una semana. Dejamos a un lado los titulares con las Farc y el Eln, no hubo anuncios de Bustos o Ñoños.

Juan Manuel Ramirez M.
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
septiembre 11 de 2017
2017-09-11 09:03 p.m.
http://m.pre.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c7860c3a414.png

Colombia cambió de tema durante una semana. Dejamos a un lado los titulares con las Farc y el Eln, no hubo anuncios de Bustos o Ñoños, tampoco ese pesimismo que a veces se apodera de algunos sectores. La agenda dio una vuelta de página inesperada. La visita del papa Francisco se colmó de mensajes que caían como una lluvia de reflexiones sobre creyentes, escépticos y ateos. Probablemente, el país no será el mismo después de la última semana, quedan muchas tareas y enseñanzas por aplicar. Hay toda una lista de conclusiones.

Comencemos con una invitación al optimismo, a aquello que coloquialmente llaman ‘ver el vaso medio lleno’. El jerarca de la Iglesia convocó al país a no “dejarse robar la alegría ni la esperanza” de los pesimistas, los corruptos y los que cometen injusticias. Llamó la atención frente a la necesidad de enfrentar la desigualdad y la pobreza con mayor esfuerzo desde todos los frentes. Y no podía dejar a un lado una reflexión sobre la importancia de perdonar (nada más oportuno para un país que está culminando un conflicto armado de 60 años). Todo este panorama conlleva a la reconciliación como sociedad. Como Jefe de Estado respaldó la meta común de paz que tantos colombianos compartimos, sin distinciones de iniciativas políticas o diferencias frente a quien se lleva el crédito del logro. Invitó a rodear ese propósito.

Y para aquellos que estaban preocupados por los recursos destinados por parte del Estado para la visita papal, no pudo quedar más claro que el viaje de Francisco generó una dinámica económica, desde la perspectiva del turismo religioso, muy interesante para las cuatro ciudades anfitrionas (Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena).
Mientras se giraron cerca de 28.000 millones de pesos (a los que se sumaron esfuerzos económicos del sector privado), en total habrían ingresado durante la semana cerca de 200.000 millones de pesos (buena parte en Bogotá, donde la agenda del Papa se concentró), con una ocupación hotelera que superó el 90 por ciento, en algunos casos. Es innegable que, aunque las cifras pueden parecer irrelevantes, lo cierto es que el impacto de la visita del papa Francisco fue de gran importancia sobre el ambiente del país.

Hay que reconocer la organización impecable de Bogotá y las tres ciudades intermedias que acogieron al Papa, junto con la capacidad de los medios para llevar a cabo las transmisiones de los diferentes recorridos del pontífice. Colombia se puso a prueba y le mostró al mundo de qué es capaz no solo en términos de paz, sino de compartir un acontecimiento de esta magnitud. Al presidente Santos también hay que abonarle haber sido el gran gestor desde su agenda internacional y la gran apuesta por la paz de esta peregrinación.

En definitiva, la visita de Francisco superó la perspectiva religiosa y trascendió hacia la importancia de lo humano. Además de representar a la iglesia moderna, el Papa arribó con un mensaje de esperanza para una sociedad que cada vez cree menos en sus instituciones, agobiada por la corrupción, la pobreza y la desigualdad, y que reclama una reconciliación entre quienes entregaron las armas y las víctimas que vivieron el horror de la guerra. Quedaron muchas enseñanzas, ahora nos pondremos a prueba con nuestra capacidad –como país– de aplicarlas.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado